Gestión de color

Versión para impresión
Tubos de ensayo de colores

Cuando hablamos de gestión de color en diseño gráfico, hacemos referencia a una serie de aspectos que hemos de considerar en el manejo de las imágenes (por ejemplo, a la hora de retocarlas), para que sus colores sean interpretados de manera similar en todos los dispositivos: cámara de fotos, monitor, y dispositivos de impresión.

En este artículo tan sólo se pretende hacer una mera introducción a un tema tan complicado como es el de la gestión de color. A fin de cuentas, nunca estará de más llegar a la conclusión de que "sólo sé que no sé nada". Que ya es saber algo... Es decir: por muy bien que tenga calibrado mi monitor, y cargados los perfiles de impresión, la visualización de los colores en una pantalla siempre distarán de su reproducción en diferentes papeles. Por lo que será bastante probable que los colores que vea en pantalla disten, en cierta medida, de cómo queden luego sobre el papel (aparte de la pericia del impresor).

Los dispositivos implicados

En el proceso de trabajo de una imagen suelen intervernir varios dispositivos, y los más comunes podrían ser la cámara, el monitor y la impresora. Ahora bien, si atendemos al momento en que entran en acción en el proceso de trabajo con la imagen, hablaremos de dispositivos de captura, y de salida final. Por entre medias, tendremos al monitor, que será donde viasualicemos las imágenes mientras las retocamos.

Dispositivos en la gestión de color

De captura

Los más comunes serán la cámara de fotos o un escáner.

El monitor

Lo más común es que retoquemos las fotos en un monitor. Los monitores buenos nos mostrarán una gama amplia de colores, mientras los malos no serán capaces de representar tantos colores.

De salida

El resultado final de nuestro trabajo lo enviaremos a imprenta (offset o digital), o bien lo podemos imprimir con nuestra propia impresora o plotter. En todos estos casos habrá que considerar dos elementos fundamentales que afectarán al aspecto final de la imagen: el papel (peso, si es offset o tiene algún tratamiento de estucado, y si es brillo o mate) y las tintas.

Pero también cabe la posibilidad de que estemos retocando las imágenes para publicarlas por ejemplo en Internet, y que se vean luego desde un móvil o un monitor. O incluso que se vayan a visualizar en cine, o en vídeo o televisión.

El modo de color y la profundidad de color

Una imagen RGB es siempre la misma imagen RGB (con indiferencia del perfil de color adjunto), y tendrá más o menos colores según sea de 8, 16, o 32 bits por canal. Una imagne de 8 bits por canal tiene 256x256x256 colores, es decir, más de 16 millones de colores. Por desgracia, nuestro monitor no va a ser capaz de representar todos, ni mucho menos nuestra impresora imprimirlos. Aquí es donde entran en acción los espacios y perfiles de color.

Más información:

Joan Boira - Profundidad de color

Espacios y perfiles de color

Los espacios de color son representación gráficas de un conjunto de colores. Hemos visto que una imagen RGB tiene 16 millones de colores. Pues bien: hemos de decidir con cuántos colores de esos vamos a trabajar, puesto que ni somos capaces de ver todos, y mucho menos de representarlos nuestro monitor de trabajo. La cantidad, más o menos amplia, de colores con los que me quedo, se representan gráficamente en lo que se llama "espacio de color". Para un espacio de color dado, un color tendrá una coordenadas específicas, que serán diferentes en otro espacio de color. Estos espacios pueden ser más o menos amplios (más cantidad de colores), y se suele comparar su amplitud junto a la del espectro visible.

Espacios de color

Cuando asociamos un espacio de color a un dispositivo, tenemos un perfil de color. Vamos, que un perfil de color se adjunta a la imagen para, cuando la vemos en un dispositivo, por ejemplo el monitor, éste sepa qué espacio de color lleva asignado la imagen, es decir, cuántos colores va a manejar, así de entrada, y cómo los va a visualizar (si es que es capaz).

Perfiles de color

Los distintos actores del proceso que va desde la captura a la impresión, han de entenderse entre sí. Para ello utilizan los espacios y perfiles de color. Un ejemplo:

  • la cámara de fotos: asigna a la foto, por ejemplo, el perfil Adobe RGB;
  • el monitor: según cómo lo calibremos obtendremos un perfil de color ICC distinto (cómo interpreta los colores). En Photoshop decidiremos si vamos a trabajar con el perfil de colores que traía la foto (Adobe RGB), u en otro distinto. Es decir: la imagen se verá distinta en pantalla no sólo en función de cómo hayamos calibrado el monitor, sino del perfil RGB en que decidamos trabajar.
  • la impresión: vamos a suponer que mandamos la foto a una imprenta, pero como nuestra foto era RGB, hay que pasarla a CMYK. Los valores CMYK que asignemos a cada color, dependerán del tipo de papel, tintas y proceso de impresión, para que la reproducción sea lo más fiel posible a lo que veíamos en el monitor. Por eso deberemos indicar, por ejemplo a Photoshop, cuál el el perfil CMYK que corresponde al proceso de impresión. Photoshop será capaz de relacionar el espacio RGB de trabajo con el CMYK de impresión, y "traducirá" la imagen de la mejor manera posible.

Más información:

Calibración de los dispositivos

Parece por tanto evidente que debamos tener bien calibrados cada uno de los dispositivos con los que vamos a trabajar, para que en todos ellos la misma imagen se vea de forma similar, en la medida de lo posible. Recojamos una serie de aspectos a considerar a la hora de tener calibrados nuestros principales equipos.

Calibración de la cámara

  • Si la imagen viene con mala calidad, virada hacia un color, sobreexpuesta... ya empezaremos mal. Donde no hay no se puede sacar, así que será difícil corregir defectos que vienen de origen, sobre todo si son extremos. Los ajustes manuales de la cámara están bien, pero no funcionan en todas las condiciones. Cuidaremos la exposición y el balance de blancos de nuestras fotos. También la forma en que capturan los colores (si muy saturados o poco).
  • Mejor usar el formato RAW que JPG: admite mayor profundidad de color, y algunos ajustes de la foto se pueden cambiar posterirmente sin que la calidad de la imagen se vea afectada (al RAW se le llama "negativo digital").

Calibración del monitor

Las condiciones ambientales que rodean a un monitor afectan en cómo se ven la imágenes. ¿Qué pasa si detrás del monitor hay una ventana y las paredes de la estancia son de un color fosforito? Pues que influirán en nuestra percepción de los colores en el monitor. Procuraremos tener una iluminación indirecta, uniforme y gris, sin dominantes de color.

Antes de calibrar el monitor deberíamos recrear el ambiente en el que habitualmente vamos a retocar las fotografías, por ejemplo bajando las persianas. Podemos hacer la calibración de tres formas:

  • a ojo: indeseable manera de calibrar, pero es mejor que nada.
  • con un software de apoyo: también es a ojo, pero un software nos va ayudando con imágenes que tienen cierto constraste y color. En Windows podemos usar la herramienta "Calibrar color de la pantalla". También Mac tiene un software para calibrar sus monitores.
  • por hardware: es la ideal. Existen en el mercado distintos aparatos que automatizan y ponen objetividad a la calibración del monitor, como los que comercializa Datacolor o X-Rite.

Calibrador de monitor

Espectrofotómetro

Calibración de la impresión

Recordemos que tanto las tintas como el tipo de papel (gramaje, estucado o no, y si es mate o brillo) afectarán al resultado final de nuestra impresión. Se comprueba la calidad de la impresión con colorímetros, densitómetros, cartas de color, etc.

Colorímetro

Carta de color

Podemos imprimir con nuestras impresoras, o enviar los trabajos a la imprenta:

Impresión doméstica

Las impresoras domésticas y plotter dan muy buena calidad si se están bien calibradas y se utilizan los papeles adecuados. Aunque imprimen en CMYK, las impresoras domésticas se comportan como si fueran dispositivos RGB, y ellas mismas disponen de drivers para realizar la gestión de color. Tal vez no convendría que sea el software con el que hemos retocado las imágenes (Photoshop) quien se encargue de realizar la gestión de color (es decir: mejor que se encargue la impresora). En cualquier caso, deberíamos cargar en el sistema operativo (Windows o Mac) los perfiles de color que nos suministran los fabricantes de papel para un determinado papel e impresora, para que estimemos, en pantalla, cómo nos va a quedar la impresión. 

Impresión en imprenta

Deberemos preguntar a nuestro impresor qué perfiles de impresión utiliza para un determinado papel. Así nos haremos una idea de qué conversión sufrirán nuestras imágenes RGB en el paso a CMYK. En Photoshop, se suele cargar el perfil genérico "Coated FOGRA39". Profesionalmente, antes de empezar a imprimir, por ejemplo en offset, se encargan pruebas de color, como el Cromalín, para hacernos una idea real de cómo va a ser el resultado final.

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